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La defensa del Yorktown

Este relato fue escrito para un concurso de minirelatos en el que participé hace un tiempo...

 


 

4 de junio de 192. Último día de la batalla de Midway.
-¡Oleada entrante desde el oeste confirmada!-exclamó por radio un operador del Yorktown a los cazas que despegaban-¡diez torpederos, seis cazas!.
-¡Recibido Yorktown, nos encargaremos!-replicó el líder de la escuadrilla de cazas Wildcat destinada en el portaviones americano, acelerando al máximo su avión- ¡Wildcats dos, tres y cuatro, a por los torpederos. Cinco, seis, siete y ocho conmigo a por los cazas. Sin piedad!.
-¡A la orden!-exclamaron a coro sus subordinados mientras ascendían para encontrarse con los japoneses al mismo tiempo que los escoltas del Yorktown abrían fuego con todos sus anti-aéreos disponibles contra el enemigo.
-¡Destruid ese portaviones!-ordenó el líder de la escuadrilla enemiga, Toichi Tomonaga.
Exhalando gritos de guerra, los subordinados de Tomonaga aceleraron al máximo sus aviones. En cuanto ambas escuadrillas se encontraron comenzó un salvaje duelo en las alturas...
-¡Capitán a anti-aéreos, fuego a discreción, borren del cielo a esos japoneses antes de que se acerquen demasiado!-exclamó el capitán del Yorktown de pie en la barandilla exterior del puente, observando el duelo de cazas con unos prismáticos.
No se hacía ilusiones, el Yorktown estaba muy dañado debido a combates anteriores.
-¡Wildcat tres a líder, esos malditos cazas no nos dejan acercarnos!-exclamó un piloto americano haciendo un largo quiebro para esquivar un caza que casi le había arrollado.


-¡Insistan, hay que salvar al Yorktown!-exclamó su jefe, el mayor Thomas Dhuane persiguiendo de cerca al líder japonés.
Debía apuntar con cuidado o corría el riesgo de alcanzar a su propia gente. Al mirar de reojo los escoltas del Yorktown se le ocurrió como librarse con rapidez de su enemigo.
-¡Vamos, ven a por mi si te atreves!-exclamó Dhuane disparando una corta ráfaga para luego alterar su rumbo de forma que le ofreciera todo su flanco izquierdo a Tomonaga.
Ansioso por acabar con su enemigo, el piloto japonés cayó de lleno en la trampa, persiguiendo a Dhuane de cerca sin dejar de dispararle.
-¡Líder Wildcat a escoltas Yorktown, tengo un bandido que se muere por mis huesos a las seis, solicito fuego de cobertura!-exclamó Dhuane haciendo constantes quiebros para evitar las balas trazadoras.
-¡Pero podemos darle a usted!-empezó a contestar un operador de radio.
-¡Eso no importa, dispárenle!-exclamó Dhuane.
Mientras avanzaba hacia las posiciones de los barcos escolta, Dhuane observó satisfecho como sus subordinados ya habían derribado a varios aparatos enemigos. Aunque cayese derribado tal vez sus hombres consiguieran salvar el portaviones.
-¡Todas las baterías, fuego a discreción!-ordenó por radio el jefe de los barcos escolta.
Obedientes, los artilleros abrieron fuego al unísono, llenando el cielo de una densa cortina de proyectiles. Gracias a su buena punteria, Dhuane consiguió traspasar la zona relativamente intacto aunque los proyectiles anti-aéreos impactaron por todo el caza de Tomonaga.
Más herido en su orgullo que en su cuerpo, Tomonaga exhaló un gruñido de ira al ver que las armas de su caza y el motor estaban destrozados. A su avión le quedaba muy poco tiempo.
-¿Crees... que me has derrotado...Yankee?-siseó Tomonaga por radio, sujetándose el costado derecho, herido durante la salva de proyectiles antiáereos- te equivocas...
Intentar atacar al caza americano sería una pérdida de tiempo pues podría esquivarle muy fácilmente pero por fortuna cerca de su posición había un blanco perfecto: el Yorktown...
-¡¡Por mi patria!!-exclamó Tomonaga a pleno pulmón haciendo girar su caza en dirección hacia el Midway, forzando al máximo el maltrecho motor de su caza.
-¡Oh, no!- exclamó Dhuane al darse cuenta de lo que hacía su enemigo-¡¡ Líder Wildcat a Yorktown, bandido a las diez aproximándose!!.
Exhaló un fuerte grito de frustración, intentando girar a toda prisa. ¡¡No iba a llegar a tiempo!!.
-¡Impacto inminente!-exclamó el capitán del barco, viendo imposible parar al piloto enemigo.
El impacto contra el Yorktown fue demoledor, abriendo un agujero enorme y provocando explosiones secundarias en la cubierta de vuelo al detonar varios tanques de carburante.
-¡Yorktown a escuadrilla Wildcat, no aguantaremos otro impacto así, sáquenoslos de encima!-exclamó el capitán del barco por radio viendo como más de quince metros de la cubierta de vuelo del barco quedaban envueltos en un mar de fuego y metal fundido.
Por desgracia, el daño ya estaba hecho. Alentados por el sacrificio de su líder, los pilotos japoneses supervivientes redoblaron su empeño por atacar el Yorktown, llegando al extremo de querer chocar adrede con los pilotos americanos con tal de abrir un hueco en sus defensas.
-¡No vais a pasar, no vais a pasar!-exclamó Dhuane furioso por la inmolación de Tomonaga, entablando combate contra un bombardero japonés.
De repente, su rival se lanzó en picado segundos antes de entrar en contacto con Dhuane. El piloto americano reaccionó de inmediato, imitando su maniobra.
-¡Hasta nunca!-exclamó Dhuane disparando el resto de su munición sobre el bombardero.
Sonrió con satisfacción viendo como sus disparos derribaban el avión enemigo.  Palideció al ver dos líneas blancas en dirección al Yorktown: ¡el bombardero había logrado lanzar su carga!.
-¡¡Listos para impacto inminente!!-exclamó el capitán del Yorktown alarmado.
El efecto combinado de las explosiones de ambos torpedos fue esta vez demasiado para el maltrecho barco. Situados ambos impactos bajo la línea de flotación las detonaciones arrasaron los ya dañados motores del portaviones y varias mamparas clave.
-¡ Dos impactos confirmados bajo la línea de flotación, daños graves en las cubiertas inferiores, los motores están destrozados!-exclamó un oficial del puente del Yorktown escuchando los informes que le llegaban-¡Incendio grave en la cubierta de vuelo!.
-¡Maldita sea!-vociferó el capitán dando un fuerte puñetazo a una pared cercana, mirando impotente como su barco se detenía por completo, herido de muerte.
Uno de los pilotos japoneses supervivientes, apellidado Hashimoto contempló en silencio el campo batalla desde su caza. El portaviones americano estaba inutilizado, pero sabía que si atacaban de nuevo, sus enemigos no se detendrían con tal de derribarlos. Debían retirarse.
-¡Hashimoto a todos los supervivientes, retirada inmediata al Hiryu!-ordenó el piloto japonés dando la vuelta en dirección a uno de los portaviones pesados japoneses supervivientes.
-¡Pero señor, podemos...!-empezó a replicar uno de sus subordinados.
-¡No, he ordenado retirada inmediata!-ordenó Hashimoto por radio usando su autoridad como segundo al mando de la escuadra-¡volvemos al Hiryu ahora mismo!.
A regañadientes, sus subordinados, dieron media vuelta en dirección a su portaviones.  
-¡Dejad que huyan!- ordenó Dhuane a sus subordinados al ver que varios de ellos cambiaban el rumbo para perseguir a los japoneses- Lider Wildcat a Yorktown, ¿cuál es su estado?.
-No hay nada que hacer-sentenció el capitán apesadumbrado- hay demasiados daños...
-Entiendo- murmuró Dhuane asintiendo ligeramente- ¿hay algo que podamos hacer?.
-Negativo, hemos perdido la cubierta. Vayan de inmediato al Hornet-ordenó el capitán del Yorktown- abandonen el barco- anunció apesadumbrado a los operarios del puente.


Aquel mismo día, los americanos vengaron aquel ataque realizando un despliegue masivo contra el único portaviones pesado japonés superviviente; el Hiryu.
El Yorktown resistió dos días más antes de hundirse, recibiendo antes un último ataque por parte del submarino japonés I-168.
La victoria de los americanos en Midway
cambió para siempre el curso de la guerra en el Pacífico, colocando a la Armada Japonesa a la defensiva durante el resto de la II Guerra Mundial