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Saltadores Orbitales

MARINES ARRIBA LAS MANOS345x259

La siguiente misión transcurre durante los acontecimientos de la primera parte de la saga..

Cordenadas espaciales: brazo galáctico Xysarh de la galaxia Devaron. A medio camino del núcleo galáctico. 
Localización: sistema X-150 


Aquel no era un buen día para la C.S.E... 

Hacía seis horas, uno de los puestos de investigación avanzados, instalados por el I.S.C, el instituto de ciencias espaciales, fuera del sistema Terrance, había enviado una señal de auxilio. Los piratas Askanianos habían enviado un destacamento para atacar el puesto científico Dathius. La buena noticia, era que el puesto Dathius apenas tenía veinte personas entre personal científico y auxiliar. La mala; su investigación estaba clasificada como “material altamente confidencial”. 
Estaba claro, los Askanianos no podían hacerse con la información de Dathius. Debido a lo cual un bombardeo orbital estaba descartado a menos que se recibiera confirmación de que la información no podía ser recuperada. 
Debido al despliegue que los Askanianos habían realizado en torno al perímetro de la instalación, el Almirante Reed, Comandante Supremo de los militares en Devaron, había decidido enviar un escuadrón de marines pertenecientes a las Fuerzas Especiales. 
Aunque su nombre oficial era Soldados de Asalto Espaciales, eran más conocidos por su apodo de “Saltadores Orbitales”. Usando tan sólo un traje de combate recubierto de una aleación especial ablativa y refrigerante, los escuadrones se lanzaban en picado a través de la atmósfera hacia su objetivo, en la superficie del planeta sobre el cual se arrojaban. 

Para la misión, se había enviado a la fragata Eifran, con el escuadrón de saltadores Charlie-16. 

Sub-espacio, en ruta hacia X-150 

El puente de la Eifran, hervía de actividad. A falta de apenas un minuto para regresar al espacio normal sus operarios comprobaban sin cesar el estado de la fragata. La Eifran era en comparación con otras fragatas de la flota, una nave ligera. Con un casco un cuarenta por ciento más delgado que el resto de fragatas, la Eifran se había construido para especializarse en operaciones en las que la velocidad fuese el factor esencial. Sus capacidades, a medio camino entre una fragata de línea y una patrullera, le hacían un objetivo considerablemente más frágil que otras naves pero al mismo tiempo, uno de los más difíciles de alcanzar gracias a su pequeño pero potente motor de energía punto cero. 
-Doce segundos para regresar al espacio normal-anunció uno de los pilotos de la Eifran. 
-En cuanto estemos sobre el objetivo lance al escuadrón y active el camuflaje-ordenó la capitana de la Eifran, Camile Seithan a su oficial de comunicaciones, sentado a su derecha. 
-Sí, señora- contestó el oficial con la vista centrada en su terminal. 
-Salida en tres, dos, uno...-anunció el piloto principal de la Eifran. 
Tras un corto fogonazo de lo que los humanos denominaban como “radiación Van Allen”, la Eifran emergió del sub-espacio para aparecer en la órbita de un planeta un tercio más grande que la tierra. 

-¡Estamos sobre el objetivo!-anunció el piloto secundario de la fragata. 
-¡Lanzamiento!-ordenó la capitana Seithan. 
Obediente, el oficial de comunicaciones apretó en su terminal la orden de aviso al compartimiento principal de carga, donde aguardaban los cuatro soldados del Charlie-16. 
-¡Luz verde, adelante!-ordenó el líder del escuadrón a sus tres subordinados en cuanto una luz verde claro comenzó a centellear en una pared de la cubierta al tiempo que una compuerta deslizante en el suelo se abría, dejando ver la espectacular caída de más de doscientos cincuenta kilómetros que les aguardaba. 
Gran parte del salto transcurrió según lo previsto, siguiendo la ruta que aparecía en las pantallas holográficas instaladas en sus cascos, los miembros del Charlie-16 descendían manteniendo una formación de rombo. Su líder, el coronel Jonathan Harper, alias Harmony, se mantenía en la esquina de retaguardia. El informático del equipo, el cabo Ethan Hope, alias Machine Breaker o MB, se mantenía a la derecha de la formación mientras que la experta en municiones, la cabo Elise Grant, alias Saint, permanecía a la izquierda. En la parte frontal, el soldado experto en sigilo, Lihan Shen, alias Ghost, abría la marcha a la cabeza de la formación. 
Tras pasar la zona de peligro, la reentrada en la atmósfera, el equipo continuó su descenso a una velocidad superior a mach 10. Los protocolos de salto estipulaban que a esa velocidad de caída cualquier sistema enemigo lo tendría muy difícil para acertar a un blanco tan pequeño. A falta de quince mil metros para llegar al suelo, Ghost activó una señal roja en los HUD de todos los miembros de su escuadrón, indicando ausencia de signos vitales en la zona del objetivo. Luz verde significaba todo en orden. Amarilla, precaución o alerta. Roja, ausencia de signos de vida, zona no asegurada. Azul, zona asegurada. Negra, situación crítica. Desde su posición, Harmony frunció el ceño. ¿Dónde estaban los piratas y el personal del puesto?. 
Apartó cualquier pregunta que tuviera en su mente, debía centrarse en el aterrizaje, la parte más complicada del descenso de los saltadores orbitales. Uno de los principales motivos de que la tasa de mortalidad de los miembros de los saltadores, fuese la más elevada, que en cualquier otro cuerpo de marines, no sólo era por las misiones de alto riesgo que se les encargaba sino también al hecho de que los marines se lanzasen desde la órbita sin paracaídas. Para sobrevivir al salto, los marines debían confiar en los generadores de antigravedad instalados en su traje. En planetas de gravedad estándar y alta, los marines no podían utilizar los propulsores de sus trajes para frenarse demasiado. Los descensos en lugares con escasa o nula gravedad eran los más seguros, en teoría. 
Afortunadamente para el Charlie-16, los generadores de los cuatro marines se activaron satisfactoriamente, generando un potente campo gravitatorio alrededor de los cuatro soldados, los cuales pudieron darse la vuelta y posarse en el suelo con suavidad. La ruta de descenso les había llevado muy cerca de la estación de investigación, a apenas veinte metros de una de las escaleras de entrada. 
-Desde luego, los nuevos inhibidores de inercia del I.S.C son una maravilla..-comentó MB en tono risueño tras aterrizar. 
-Amén a eso, hermano-contestó Saint amartilleando con un rápido movimiento su rifle de asalto. 
-Silencio, tenemos trabajo-sentenció Harmony en tono autoritario- alerta máxima, armas preparadas. Ghost, en cabeza, Saint, cúbrele. 
-Señor, sí, señor- replicaron a coro ambos marines colocándose a la cabeza al tiempo que el escuadrón subía por las escaleras. 
El avance a través del laboratorio resultó metódico y cauteloso. No se detectaban signos vitales por ninguna parte, ni Askanianos ni de personal de la C.S.E. 
-MB, ¿captas alguna baliza?-le preguntó por radio Harmony al técnico del escuadrón. 
-Nada-contestó MB comprobando con rapidez su ordenador de muñeca- el escáner muestra una consola activa más adelante, en el centro de la estación. 
-Bien, vamos hacia allí-replicó Harmony apostándose en el marco de una puerta para mirar de reojo la sala siguiente, vacía como las demás. 
A diferencia del resto de la estación, la zona central era un absoluto caos. El equipamiento estaba en gran medida hecho pedazos, con cables salidos de sus tuberías y partes del techo derribadas. Sin duda había ocurrido alguna batalla allí dentro debido a las múltiples marcas de quemaduras que había en las paredes, el suelo y el techo. 
-MB, analiza en busca de firmas energéticas-le ordenó Harmony a MB. 
Desde la misión en Hauster, la C.S.E conocía la firma energética de las armas usadas por los Askanianos. Si captaban algún rastro, tal vez ayudase al C-16 a entender que había ocurrido en la estación. Mientras MB analizaba la zona, Ghost se acercó al centro de la estancia, en la que había una piedra gigante llena de escrituras de aspecto cuneiforme y otras con círculos y líneas entrecruzados. A primera vista parecía ser parte de una estructura mucho mayor. 
-Señor, ¿qué es esa escritura?-le preguntó Ghost a Harmony. 
-Ni idea, mejor no toque nada, Ghost-sentenció Harmony autoritario. 
Ghost desde siempre había tenido la manía de tocarlo todo allá donde iba, incluso lo que parecía a todas luces ser peligroso. Harmony había intentado durante mucho tiempo corregir la costumbre de su subordinado, sin éxito por el momento. 
-He encontrado la terminal activa, parece tener registros útiles-informó MB acercándose a una terminal en el flanco sur de la sala- las bases de datos parecen estar intactas, no hay indicios de que se hayan extraído o copiado datos confidenciales. 
-Excelente, proceda-replicó Harmony. 
-Señor, ¿se ha fijado en la cantidad de manchas negras que hay en torno a esa piedra?-murmuró Saint mirando ceñuda en la dirección de Ghost- la mayoría se concentra donde está Ghost. 
Al ver a lo que su subordinada se refería, Harmony no pudo evitar fruncir el entrecejo, pensativo. Saint tenía razón, el suelo en la posición de Ghost parecía haber sido quemado múltiples veces. Un chispazo de inspiración cruzó los ojos del veterano soldado; ¡¿quizás?!. 
-¡Ghost, apártese, ahora mismo!-le ordenó Harmony a su subordinado, alarmado al ver surgir desde el interior de la roca, una extraña sustancia negra. 
Lamentablemente su aviso llegó demasiado tarde para el desventurado soldado. Antes de que pudiera reaccionar, la extraña sustancia que había emergido desde la roca se deslizó bajo los pies de Ghost. El resto del escuadrón observó impotente como el cuerpo de su compañero estallaba en llamas al entrar en contacto con la sustancia negra, quedando carbonizado en apenas un instante. 
-La hostia...-balbuceó Saint aterrada a pesar de haber visto muertes realmente espeluznantes durante su carrera como marine. 
-MB...-esbozó Harmony mirando de reojo a su subordinado. 
-¿Señor...?-susurró Machine Breaker tragando saliva, completamente pálido tras ver la cruel muerte de su amigo. 
-Sea un buen chico y conecte el dispositivo de autodestrucción...-esbozó Harmony. 
-Sí, señor...-replicó Machine Breaker tecleando a toda prisa para activar la ojiva termonuclear de veinte megatones que se escondía en el subsuelo de la estación. 

Aunque algunos sectores del I.S.C se habían negado en rotundo a guardar cabezas nucleares en sus estaciones, la junta principal había votado a favor de forma casi unánime. Necesitaban métodos contundentes de proteger su investigación y una cabeza termonuclear de veinte megatones siempre hacía un buen trabajo... 
-Señor, esa cosa viene a por nosotros...sentenció Saint amartilleando su rifle de combate al ver como la sustancia que había matado a Ghost se dirigía hacia el resto del escuadrón, a escasos diez metros de distancia. 
-¿MB?-masculló Harmony sin girarse. 
-Casi...-replicó Machine Breaker tecleando sin parar. 
-Eifran, necesitamos evacuación inmediata a mi señal...-sentenció Harmony por radio. 
-Sólo unos segundos más, pondré la cuenta en dos segundos-masculló Machine Breaker sin poder evitar ponerse a sudar por la presión. 
-¿MB?...-sentenció Saint cogiendo con fuerza su rifle entre sus dedos. La sustancia estaba ya a escasos tres metros. 
-¡YA!-sentenció Machine Breaker. 
-¡SÁQUENNOS DE AQUÍ!-exclamó el coronel por radio al tiempo que Machine Breaker apretaba el botón del disparador de la cabeza termonuclear. 
La misteriosa sustancia estaba a escasos treinta centímetros de las botas de Saint cuando un rosario de luces blancas envolvió al escuadrón, evacuándolos a la Eifran. 
Apenas un segundo después, la ojiva termonuclear oculta en el interior de la base detonó, liberando sus veinte megatones de potencia. La montaña apenas aguantó la detonación, siendo destripada de dentro afuera con facilidad al tiempo que oleadas de calor, energía y presión aniquilaban todo a su paso en más de treinta kilómetros a la redonda. Toda la base quedó vaporizada en nanosegundos, los secretos de la extraña roca, desapareciendo en un mar de fuego y radiación. 
-Coronel, ¿qué diablos ha pasado ahí abajo, dónde esta Ghost?-le preguntó la capitana de la Eifran al coronel. 
-Está muerto...-replicó Harmony replegando el casco que tenía en torno a la cabeza- sobre lo que ha pasado, no estoy muy seguro pero hay que avisar todos nuestros puestos científicos que tengan alguna muestra con esa escritura. Pueden estar en serio peligro... 
-Pasaré el aviso, no se preocupe, coronel- esbozó la capitana Seithan- vaya con su equipo a descansar, se lo merecen. 

El coronel Harper se limitó a asentir ligeramente antes de seguir a sus dos subordinados fuera del compartimiento de carga. Nadie más parecía haberse dado cuenta de un pequeño detalle: al apuntar a aquella extraña sustancia con su linterna, había reaccionado apartándose, como si fuera un ser vivo. 

¿Lo que había matado a Shen tenía vida propia?. Y de ser así, ¿habría más de esa sustancia, oculta en los fríos rincones de aquella galaxia, esperando a caer sobre cualquier explorador desventurado que osara acercarse demasiado?. ¿De dónde habría salido aquella extraña roca con escrituras y por qué los Askanianos habían lanzado un ataque contra la instalación. ¿Tal vez para hacerse con la piedra o información sobre la localización del sistema Terrance, base principal de la C.S.E en aquella galaxia?. 

Sea lo que fuere, estaba seguro de que la próxima vez que la C.S.E se topase con esa extraña sustancia, estaría preparada...