Pack Empresa Methys

Los secretos de los Pioneros

breathe-992x460

La siguiente historia tiene lugar durante la primera parte de la saga. Aproximadamente, hacia la mitad.

Sistema clasificado como: X-521

Límite sur del espacio controlado por la C.S.E


El doctor Erwin Heiss, del I.S.C se sentía cada vez más frustrado. El que creía que sería su momento de triunfo personal se estaba convirtiendo en una absoluta pérdida de tiempo. La lluvia que caía sin parar sobre su campamento, además de su incapacidad para entender los símbolos del yacimiento, le estaba estresando bastante. El hecho de que su contingente de seguridad de marines no dejase de cotorrear como gallinas no ayudaba en absoluto.

-¿Te enteraste de lo que pasó al final con el Midway?...-le preguntó un marine a otro mientras hacían la ronda- me hubiera encantado estar allí y patearles el trasero a esos cabrones blindados...
-Amén a eso hermano...-contestó su compañero sonriendo divertido- la compañía del Sargento Surkov lo hizo bastante bien.
-Me encantaría que me destinaran al Midway, ¿has visto la cantidad de bellezas que hay en esa tripulación?..-preguntó el primer marine sonriendo ampliamente.
-¿Podrían los señores dejar de cotorrear y centrarse en su trabajo?-preguntó el doctor Heiss, visiblemente molesto, de pie frente a la enorme puerta de mármol de color violeta oscuro, recubierto de símbolos y dibujos alienígenas- estoy intentando traducir un idioma alienígena que sólo Dios sabrá la edad que tiene...
-No se preocupe doc, los sensores no captan nada...-replicó uno de los marines mirando de reojo al irritante doctor con gesto despectivo.
-Que no capten nada no quiere decir que no haya algo-sentenció el doctor Heiss.

A regañadientes, ambos marines debían admitir que tenía cierta razón en eso.

-Control, aquí el cabo Lang, ¿algún contacto?-preguntó el marine a su puesto de mando en el campamento.
-Negativo, la Marianne informa que todo está despejado en órbita...-sentenció al cabo de unos segundos uno de los operarios del puesto de control del campamento.

Hacía varios días, una de las naves insignia de la flota, la clase Prometeo, Lamia, había captado una lectura de energía muy extraña en aquella zona. El rastreo había llevado al doctor Heiss hasta aquel planeta y concretamente, hasta aquella exhasperante puerta. Debido a que los símbolos de la puerta, coincidían con los del obelisco encontrado por el crucero Ethelion y el comandante Reed, Heiss sospechaba que aquel lugar había sido visitado en algún momento por la raza que creó el obelisco.

Según tenía entendido, la científica jefe a bordo del Ethelion había conseguido algunos avances en la traducción del idioma alienígena. Sus intentos de conseguir dichos datos habían sido contestados por una rotunda negativa de la cúpula del I.S.C. Aunque Heiss había apelado la decisión, le había sido imposible obtener los datos al estar clasificados por encima de su nivel de seguridad. 

Para Heiss, aquello había sido un duro golpe a su ego. Se consideraba mejor científico que muchos de los que había en nómina del I.S.C. ¿Cómo podía la cúpula estar tan ciega?. Pero el ejército, y sobre todo la cúpula de la Marina, con el Almirante Arthur Reed, había apoyado la decisión de los jefes del I.S.C.

Por muy importante que Heiss se creyera, sabía que no tenía nada que hacer contra el legendario Almirante.

Esbozó una larga sonrisa de satisfacción, imaginándose su regreso a Terrance con los secretos que se ocultarían tras esa puerta. Sí, en su momento, aquellos que le habían humillado se comerían sus palabras de que era un inútil.